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Foto /: www.metapanecos.com |
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Metapán
16 de Mayo del 2010
El cazador afina su puntería y ruega por que
su presa caiga con el siguiente tiro. La
sangre ya corre por las patas delanteras de
un aturdido venado cola roja que trata de
huir del hombre. Lo inevitable sucede, el
tiro certero en la cabeza termina con una de
las especies en peligro de extinción que
habitan en el Parque Nacional Montecristo.
La cacería furtiva obligó a que en 1971 el
Estado de El Salvador comprara una hacienda
de 1,973 hectáreas de bosque (de tipo:
subperennifolio, de pino, pino-roble y
nuboso), en Metapán, Santa Ana. Todo el
terrerno era propiedad de la familia Mancía.
Estos colonos habían explotado los suelos,
la fauna y la flora del lugar, y estaban
llevando al deterioro de uno de los lugares
más ricos en biodiversidad del país.
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La familia Mancía, según se aprecia en el centro de
interpretación en el parque, había distribuido a sus empleados en
todo el terreno, para que cuidaran del ganado, los cafetales y otros
de sus bienes, pero con la compra el Estado heredó a las 25 familias
que trabajan con los Mancía. "El espíritu inicial con que nació el
parque fue de preservar el lugar. Se zonificó todo, las áreas de uso
público, las c
olonias, los jardines. Se hicieron dos colonias, unas 25 casas en
total, con familias que tenían no menos de cinco personas", recuerda
Andrés Sánchez, técnico de Áreas Naturales Protegidas del MARN,
quien trabajó en el programa.
Con la declaratoria de Parque Nacional en 1987 se estableció un
reglamento interno tanto para visitantes como para las poblaciones
que habitan Montecristo. Estas normas llevaron al empobrecimiento y
discriminación de las familias de las colonias Majaditas y San José
Ingenio. José Perdomo, coordinador de la Asociación de Desarrollo
Comunal (Adesco) de San José Ingenio, recuerda que en aquel tiempo
había producción de café, ganado, cerdos. “Había un desarrollo
normal, pero con el tiempo cuando lo agarraban las instituciones,
las cosas cambiaron. Y desde que lo agarró el ministerio (de Medio
Ambiente) empezó la presión", recalca. La idea del Gobierno, en ese
momento, era sacar paulatinamente a las familias, para eso impuso
reglas radicales que se cumplían a medias.
Un estudio elaborado hace 10 años (2000) sobre la "Eficacia de la
legislación que regula el aprovechamiento, protección y conservación
del recurso fauna en el Parque Nacional Montecristo", describe que
en el capítulo VI del reglamento referente a los asentamientos en el
parque se establece que "la Dirección del Parque Nacional tendrá un
inventario y censo de bienes y de personas que estén agrupadas en
los diferentes asentamientos; población de animales y plantas, con
el propósito de regular y no permitir el crecimiento.
Cualquier construcción antojadiza será eliminada de existir las
mismas condiciones, y a la población humana que también crezca será
extrañada (expulsada) del Parque Nacional." El cambio de dueño
prohibió la caza que antes no tenía restricciones. También se reguló
la tala, la producción de café y la tenencia de animales de
cualquier tipo. Es decir las familias de Majaditas y San José
Ingenio quedaron sin insumos para desarrollarse en buenas
condiciones.
Sin embargo, el mal manejo del parque, la falta de un presupuesto
razonable, el crecimiento de la población, la pobreza extrema, la
falta de planes de desarrollo sostenible; han llevado a lo que
ambientalistas y especialistas en manejo de áreas protegidas
consideran un angustioso declive, o degradación, de Montecristo. En
enero de 2010 el nuevo Gobierno lanzó un plan de inclusión, el cual
otorgó parte del manejo del parque a las comunidades San José
Ingenio y Majaditas.
El proyecto no ha dejado de alarmar a los ecologistas que
desaprueban los asentamientos dentro de Áreas Naturales Protegidas,
por su importancia para el desarrollo económico y ambiental del
país.
Montecristo, más que un bello paisaje
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Ser
el primer Parque Nacional de El
Salvador demuestra la importancia de
esta reserva. Montecristo es una
bandera para varios gobiernos
salvadoreños, que presumen su
biodiversidad su clima, entre otros
aspectos.
Sin embargo, el lugar es más que un
bello paisaje. En un recorrido
turístico el guardabosque Cristóbal
Ladino en menos de un minuto
establece la relación entre el
macizo montañoso y la generación de
energía eléctrica del país. De
Montecristo nacen los ríos San José,
El Limo, El Rosario, San Miguel y
Anguiatú.
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Todos alimentan al río Lempa, en la
cuenca baja de este, que es el principal afluente de El Salvador.
Las aguas que por él se desplazan alimentan las cuatro
centrales hidroeléctricas que generan más de la mitad
de la energía que se consume. Así de simple. "Si montecristo
desaparece, ya no bajaría agua a las represas y no somos un país
industrializado que vamos a producir energía a base del petróleo.
Entonces dependemos del recurso hídrico para generar energía
eléctrica.
Si nosotros no cuidamos los bosques que tenemos ya no vamos a tener
agua, ni energía eléctrica. De esa forma tiene mucho que ver la
economía nacional con Montecristo, a través del recurso hídrico",
agrega el guardabosque.
Datos recientes del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos
Naturales (MARN) detallan que el Área Protegida Trinacional
Montecristo, principalmente el bosque nuboso, captura 37.4 millones
de metros cúbicos de agua al año. Los servicios ecosistémicos
-beneficios directos e indirectos que el humano obtiene de los
ecosistemas- que brinda el parque van más alla. El río San José es
la fuente principal de agua para la ciudad de Metapán, en Santa Ana.
Y por lo menos la cuenca alta tiene agua de excelente calidad.
Juan Pablo Duran, director del componente Apoyo a la Gestión
Sostenible del Parque Nacional Montecristo, que se desarrolla dentro
del proyecto “Mejor Manejo y Conservación de Cuencas Hidrográficas
Críticas” de la Agencia de los Estados Unidos para el
Desarrollo Internacional (USAID), narra la importancia que tienen
áreas como Montecristo: “Los recursos naturales son la base
productiva de todo país, y las Áreas Naturales son los espacios
sobre los cuales estos recursos deben conservarse de una manera más
prístina (original). Son los espacios a donde se les da toda la
libertad a los procesos ecológicos, para que vivan las especies de
animales y plantas.
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Las Áreas
Naturales Protegidas son espacios a
los que se les debe dar prioridad a
todos esos procesos”, señala. Un
diagnóstico del Ministerio de Medio
Ambiente sobre Montecristo detalla
que es cuna de muchas especies
nuevas para la ciencia, entre ellas
las orquídeas carnívoras (Pinguicola
mesophytica) que se encuentran
también en las elevaciones de los
cerros Miramundo y El Brujo.
“Entonces si perdemos estos
espacios, se pierden estas
riquezas”, advierte Duran.
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Hogar para cientos de especies Tras una hora
en el recorrido turístico, don Cristóbal
Ladino emocionado por haber llegado al
Jardín de los 100 años -ubicado a unos 14
kilómetros de la entrada principal del
parque- menciona docenas de nombres
científicos de las 200 especies de orquídeas
y 21 de helechos que hay en Montecristo, “a
estos les llaman fósiles vivientes, por que
no han evolucionado mucho y por que son
prehistóricos”, narra el guardabosque. El
MARN también registra 111 especies de
mamíferos, 343 de invertebrados; 20 de
hongos, 11 de anfibios, 35 de reptiles;
entre otras.
Entre los animales más carismáticos están
las pájaros. “Si es amante de las aves debe
venir al parque, aquí hay 245 especies”
comenta Ladino. Un estudio de 2002 del
ornitólogo estadounidense Oliver Komar
detalla que en esta área protegida el 52% de
las aves están amenazadas en El Salvador. De
18 especies endémicas en Centroamérica, 15
habitan en el parque; además tiene 10 que se
restringen al parque.
Las 1,973 hectáreas de bosque, Montecristo,
también albergan a 249 especies de árboles.
Uno de los más importantes es el de
Pino-Roble, planta propia de los ecosistemas
montañosos entre México y en el norte de
Centroamérica. El árbol se encuentra dentro
de la lista de especies en peligro crítico
por la World Wildlife Fund y The Nature
Conservacy. El Pino-roble permite la visita
al bosque del Chipe Cachetidorado (Dendroica
chrysoparia), ave considerada en peligro.
En 2008 el "Estudio de Ecología Invernal de
Dendroica chrysoparia Temporada 2007-2008 en
el Parque Nacional Montecristo" de la
Fundación Ecológica de El Salvador (Salvanatura)
registró seis ejemplares de Chipe. En una
investigación del mismo tipo realizada en
2006 se contaron diez especímenes de esta
ave migratoria que anida en Texas, Estados
Unidos. Este año un incendio consumió 80
hectáreas del bosque de Pino-Roble.
El Ministerio de Medio Ambiente aún no ha
dado un informe oficial del impacto que el
siniestro pudo ocasionar a las especies que
habitan y visitan Montecristo. El recorrido
finaliza con una caminata de unas dos horas
hacia el punto más alto conocido como El
Trifinio –ubicado a 2,418 metros sobre el
nivel del mar-.
En el bosque nuboso el turista, si tiene
suerte, se puede encontrar con quetzales,
pumas, entre otras especies en peligro de
extinción en el país. Para llegar al
Trifinio hay que caminar entre los árboles,
que en esa zona llegan a medir desde los 20
metros hasta 40 metros de altura. “Tenemos
que caminar despacio por que la altura
acelera los latidos del corazón y es
peligroso”, recomienda el guardabosque
mientras sube la cuesta.
El esfuerzo vale la pena. Al llegar al
Trifinio el turista se encuentra con una
vista espectacular de la ciudad y la laguna
de Metapán, buena parte de los países
vecinos Guatemala y Honduras. El panorama
recuerda al turista la importancia ecológica
de esta reserva trinacional, misma que puede
desaparecer en cualquier momento. |
Mas informacion dle
tema visita:
http://www.elsalvador.com/especiales/2010/montecristo/
Fuente:
www.elsalvador.com |
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